Bottega Veneta abre las puertas de Milán para construir una campaña donde moda, arquitectura y vida privada comparten tensión. Louise Trotter y Juergen Teller exploran interiores gastados, esculturas y gestos cotidianos, mientras la colección dialoga con una ciudad deliberadamente esquiva.



La campaña Winter 2026 de Bottega Veneta convierte Milán en algo más que un escenario: la ciudad funciona como una extensión material de la colección de Louise Trotter. Junto a Juergen Teller, la directora creativa atraviesa interiores envejecidos, jardines escultóricos y arquitecturas modernistas para construir una intimidad atravesada por fricción, historia y cierta extrañeza doméstica.
Villa Terenzio y Fondazione Pagani articulan ese recorrido. Azulejos, madera, alfombras gastadas, piedra y hormigón establecen correspondencias con vestidos, trajes y piezas de cuero tejido. Así, la ropa no parece simplemente instalada frente a la arquitectura, sino integrada en su lógica. Un vestido azul dialoga con una escultura monumental; las fibras de una prenda marfil se confunden visualmente con la piedra; unos pantalones tejidos encuentran su eco en la vegetación.

Binx Walton, Leon Dame, Lina Zhang y Sihana Shalaj habitan estos espacios desde posiciones distintas: tumbados, reclinados, encuadrados por ventanas o enfrentados directamente al entorno. El flash frontal de Teller mantiene visibles desgaste, imperfección y cierta incomodidad. Sin embargo, esa frialdad compartida también uniforma ocasionalmente escenarios que podrían producir registros emocionales diferentes.
Los accesorios introducen humor y corporalidad. Bolsos monumentales funcionan como escudos, compañeros o volúmenes casi absurdos, prolongando una relación íntima entre objeto y cuerpo. Mientras tanto, el enorme logotipo blanco genera otra fricción al imponerse sobre superficies deterioradas y espacios discretos.
Quizá el gesto más significativo sea permitir que moda y modelos desaparezcan de algunas imágenes. Arquitectura y escultura ocupan entonces el centro, reforzando la dimensión cultural del proyecto, aunque también planteando una cuestión sobre reconocimiento y autoría. Winter 2026 perfila así una Bottega Veneta milanesa: privada, sofisticada, imperfecta y deliberadamente fuera del centro.



