Maison Margiela explora anonimato identidad y duplicidad mientras “ANONYMITY”, protagonizada por Rebecca Hall, transforma el thriller psicológico en una reflexión sobre persona y personaje, recuperando la histórica fascinación de la casa por ocultar rostros, multiplicar identidades y cuestionar la visibilidad.

Para Otoño 2026, Maison Margiela convierte una pregunta aparentemente elemental —“¿Quién eres?”— en un inquietante ejercicio sobre identidad, representación y deseo de permanecer oculto. Protagonizada por Rebecca Hall, la campaña “ANONYMITY” adopta los códigos del thriller psicológico para situar a la actriz frente a dobles vestidos exactamente como ella, aunque privados de rostro mediante máscaras Artisanal.


La elección conecta directamente con una tradición histórica de la casa: ocultar la identidad de quienes llevan las prendas para desplazar la atención hacia la ropa. Sin embargo, aquí ese gesto abandona su condición puramente estética y adquiere dimensión narrativa. Hall permanece reconocible, impecable y cinematográfica, mientras sus duplicados aparecen como posibilidades anónimas de una misma persona. Así, la frontera entre interpretación, realidad y construcción del yo comienza progresivamente a deshacerse.
La puesta en escena intensifica esa tensión. Encuentros iluminados por flash, interiores domésticos extraños, sombras duras, trayectos nocturnos y una figura enmascarada bajo la lluvia construyen una atmósfera donde incluso lo cotidiano parece amenazante. Frente a ello, el cabello pulido, las joyas y el rojo lacado de los labios de Hall evocan el glamour clásico mientras, paradójicamente, lo vuelven inestable.


Además, la duplicidad funciona como extensión conceptual de la colección. Tapices destruidos, sastrería eduardiana, capas de segunda piel, prendas fusionadas, pañuelos reutilizados, tejidos desgastados y vestidos alargados existen entre categorías, épocas y estados materiales. Accesorios como el bolso Link, las joyas de cadena distorsionadas o las Tabi cubiertas de tapiz continúan esa sensación de mutación.
Más que utilizar el suspense como envoltorio visual, “ANONYMITY” recupera una obsesión central de Margiela para enfrentarla a una cultura dominada por visibilidad, imagen y autoconstrución. Precisamente cuando mostrarse parece obligatorio, la casa encuentra potencia en aquello que decide mantener fuera de campo.

