Celine Dion volvió a cantar en directo el pasado 12 de septiembre, en el Plenitude Arena de Nanterre, a las afueras de París. Seis años después de su última gira, la cantante canadiense abrió su residencia parisina ante 30.000 personas, y lo hizo entre lágrimas, ovaciones y un repertorio cargado de himnos como «My Heart Will Go On». Pero si algo dio tanto de qué hablar como su voz fue el vestuario de Celine Dion, cuidado hasta el último detalle por su asesora creativa, Annie Horth.
Y es que la artista no salió al escenario con un solo look, sino con varios. El primero, un vestido de Dior de manos de Jonathan Anderson: negro, plisado y con la falda voluminosa, inspirado en el mítico «new look» de Christian Dior de 1947. Después llegó Givenchy, firmado por Sarah Burton, con un abrigo de plumas rosas que arrastraba por el suelo sobre un vestido plateado. Ese momento coincidió, además, con un aria de ópera de «La Wally», subida a una roca que emergía del propio escenario.
Alta costura como hilo conductor de la noche
El negro fue la base de casi todo el vestuario de Celine Dion, salvo por ese golpe de color rosa de Givenchy. Schiaparelli también estuvo presente, con un diseño de Daniel Roseberry inspirado en una pieza de archivo de los años 30. Alaïa aportó un conjunto escultórico con bustier de cuero y falda de terciopelo tipo sirena, mientras que Loewe vistió a la cantante con un vestido de cuero negro. Tom Ford, Bottega Veneta y Saint Laurent también firmaron parte del guardarropa de esta noche tan especial.
El resultado fue una puesta en escena donde la moda funcionó casi como otro instrumento más. Cada cambio de vestuario marcaba un momento distinto del show, reforzando esa mezcla de teatralidad y ópera que buscaba la producción de Willo Perron. Con dieciséis conciertos por delante hasta el 17 de octubre, todo apunta a que el vestuario de Celine Dion seguirá dando titulares en cada nueva cita parisina.

