Fotografía de portada cortesía de Peter Murrel.
Traducción realizada por el equipo de GORILASPAIN a partir de la entrevista original en inglés realizada por un redactor del equipo.
Olga Karlovac es una fotógrafa autodidacta de fotografía abstracta y callejera, nacida en Dubrovnik y afincada en Zagreb. Se formó como economista y acabó encontrando en la fotografía otra forma de expresarse. Trabaja únicamente en blanco y negro, casi siempre de noche o bajo la lluvia, para atrapar momentos y emociones que se escapan. Su reconocimiento llegó sobre todo a través de sus fotolibros autoeditados, entre ellos la trilogía before winter, the disarray y escape, y elsewhere, publicado en marzo de 2024.
Lo que vas a leer es solo una parte de la conversación. La entrevista completa a Olga Karlovac estará disponible en la edición impresa de GORILASPAIN.
— Si tuvieras que describir un día cualquiera de tu vida en Zagreb, ¿cómo sería?
Ahora mismo paso la mayor parte del tiempo en Požega, un pueblo pequeño de la región de Eslavonia, en Croacia, y mi vida es muy normal en este momento: el café de siempre al levantarme, trabajar en mis libros y en mis cosas de arte, hacer lo de todos los días. Rutinas y las luchas normales, e intento seguir adelante para ver adónde me lleva.
— ¿Qué es lo primero que haces cuando sales a disparar con tu cámara? ¿Hay algún ritual antes de hacer una foto?
Sobre todo siento una energía que simplemente me empuja a salir y hacer las fotos. No es fácil de describir, pero diría que es una sensación. Y lo primero sería comprobar que la tarjeta de memoria está en la cámara.
— ¿Recuerdas la última vez que una imagen te sorprendió incluso a ti?
Muchas veces. La última fue cuando estaba disparando desde mi ventana y decidí usar una exposición larga, y algunas fotos salieron mucho más dramáticas de lo que pensaba.
— Estudiaste y trabajaste como economista antes de dedicarte a esto. ¿Quién eras en esa etapa de tu vida?
Supongo que también era yo, pero un yo un poco distinto. Aunque hoy en día valoro más mi formación en economía, porque ese conocimiento me ayuda a sobrevivir como artista.
— ¿Hubo un momento concreto —una imagen, una situación— en el que sentiste que algo cambiaba dentro de ti?
Creo que fue más bien una etapa de la vida en la que me di cuenta de que ser economista, y todo el sistema que lo rodea, me agotaba hasta un punto en el que no podía seguir. Necesitaba hacer un cambio, sobre todo como herramienta para sobrellevar el día a día.
— ¿Qué te dio la fotografía que no encontrabas en tu vida anterior?
Una forma de expresarme y libertad.
— Has dicho que la fotografía empezó como una manera de aliviar el estrés. ¿Qué intentabas calmar exactamente?
Buena pregunta. Mirando atrás, creo que sobre todo la presión y una sensación interior de no estar realizada, independientemente del éxito o el fracaso en determinada profesión y de las situaciones que pasan en la vida en general. Muchas veces las cosas ocurren y vienen de un lugar difícil de describir, porque son sobre todo intuitivas y emocionales.
— ¿La cámara ha sido más una compañera o una herramienta para estar sola?
Las dos cosas, supongo, según el día y cómo me sienta.
— Casi siempre trabajas de noche, bajo la lluvia, a través de cristales sucios o empañados. ¿Qué buscas en esa oscuridad y ese desenfoque que no encuentras a plena luz?
Soy una persona nocturna, y además me encantan la lluvia, la nieve y las tormentas. En mí despiertan la energía para simplemente salir y captar algo con lo que en ese momento me identifico. Es intuitivo y difícil de describir con palabras. Creo que ese tipo de ambientes sencillamente me ofrecen algo más y me dan la oportunidad de expresarme mejor y de conectar mejor con todo lo que me rodea. Probablemente despiertan la inspiración pura.
— Tu obra se relaciona a menudo más con los expresionistas abstractos y los poetas que con otros fotógrafos. ¿Qué reconoces de ti en ese lenguaje?
Me encantan los pintores expresionistas y me inspiran, y la música también… Así que para mí sería un cumplido.
— Si tus fotografías hablaran de ti sin que tú aparecieras nunca en ellas, ¿qué crees que dirían?
Espero que cada persona encuentre su propio camino, su conexión y el lenguaje con el que le hablan. Para mí eso cambia, y al volver a muchas de mis imágenes antiguas, simplemente despiertan la sensación y el recuerdo de esos momentos en los que las hice…
— ¿Hay algo de Dubrovnik, la ciudad donde naciste, que todavía aparezca en tu manera de mirar Zagreb?
Creo que sí. Es mi ciudad natal y viví allí bastante tiempo, así que ha sido y sigue siendo una inspiración.
— ¿Cuándo supiste que esto ya no era una afición, sino tu vida?
Nunca se sabe, pero se volvió importante, y supongo que también es una cuestión de identidad, pase lo que pase.
— ¿Qué tuviste que dejar atrás —en lo material o en lo emocional— para poder dedicarte por completo a la fotografía?
Bueno, creo que en lo emocional solo he ganado. En lo económico, creo que ser artista no es la profesión que hay que elegir si te interesa lo material.
— ¿Dudaste alguna vez de esa decisión? ¿Qué te hizo seguir?
Muchas veces, y todavía… Nunca se sabe… Muchas cosas me han enseñado eso, quién sabe… El tiempo lo dirá.
— Si pudieras enseñarle una sola de tus fotografías a la Olga que todavía trabajaba en economía, ¿cuál elegirías y qué le dirías?
Pregunta difícil. Creo que le enseñaría el libro, más que una sola imagen, y simplemente le diría que tenga paciencia con ello.
— Después de todos estos años, ¿qué sigues buscando cada vez que sales a disparar?
Últimamente no he disparado mucho, porque he estado muy ocupada intentando sobrevivir como artista, vendiendo mis libros y otras cosas, y con la vida en general. Pero creo que, como dije antes, lo que te mueve es una pasión y una energía que simplemente sientes. Puede pasar, pero no es algo que se pueda forzar.
— ¿Cómo te gustaría que se sintiera alguien al mirar tu obra dentro de cien años?
Libre…

